primer día

bicicleta

estoy en berlín. creo que ha de ser la cuarta o quinta vez que vengo a esta ciudad que me consiente, como si yo fuese la única hija mimada de esta generación low cost. y es obvio que no soy la única, sino las calles no estarían llenas de graffitis, de cadáveres urbanos, de los hierbajos que salen de todas las grietas húmedas que hay en toda esta realidad agrietada.
y siento que berlín me ama y que yo la amo, y que nos sentimos muy cómodas, yo pisoteándola con mis dos ruedas, ella besándome con hielo las orejas. entonces puedo entonar mentalmente algún balbuceo en su lengua porque no le importa que redacte mal o que mi gramática en su lengua que en mí está semimuerta sea deficiente.

hay también en esta ciudad gente que me ama y que me conoce y que conoce mis necesidades consintiéndolas como una madre primeriza. V., con el argumento de que si no lo hacemos en mi primer día yo no estaré tranquila (cosa muy cierta), me ha llevado a un puente lleno de inmigrantes turcos, prácticamente igual de analfabetos que yo, a comprarles como si fuese droga las dos ruedas que me llevarán encima durante los próximos 3 meses. la bicicleta, que es evidentemente robada, me costó 35 euros y es un lujo. la moral al respecto en mí no existe. dependiendo de mi interlocutor, la cosa que le suelto, si alguna justificación me exige. puedo decir que a mí me han robado ya 3 bicicletas y que he comprado sólo 2 de estas, robadas. puedo decir también que europa le ha robado de manera casi endémica al resto del mundo, y que esto no es más que una forma de mínima recuperación. puedo decir que el karma me lo lavo con jabón. y puedo hacerlo porque en el fondo pienso todo esto.
y lo que es además de cierto, una realidad, es que la tengo, que es temporalmente mía, y que soy feliz surfeando adoquines con ella.

en barcelona, porque soy una consentida de la humanidad, también hay gente que me ama y a la que yo amo, y que me hace feliz diciéndome cochinadas, mimos o simplemente enviándome videos como este: