santiago, san diego

santiago01

arden mis pies, se derriten, sobre este asfalto gris que es mío, que reconozco porque me abrasa y me engracia tostada caldera, ardiente como cosa ajena en este mar de fuegos capitales. aunque lo sé, él ya no me sabe.
mi literatura es tan suya y por eso me excito viendo jugar a un par de adolescentes con un plástico de burbujas en la pisadera del autobús. él la toma por la espalda, la cubre como si se tratara de un bistec recién fileteado, le mira las caderas como si fuesen diamantes, o sus ojos un cuchillo tajeando dulce pura piel turgente.
mi letra es fea, mi letra es un adefesio, una deformidad. mi letra que también es de este suelo abrasivo y en cierto punto se contenta porque no le cobra el abandono, y puede volver siendo pobre, fea y analfabeta (nada que no se resuelva con una buena dicción criolla, con un «ya» disfrazado, estirando bien los labios, como quien se burla de la negativa, esa lengua tensa), volver y aprender de nuevo a balbucear las letras infectadas, el calor quemando desde la planta de los pies, y reconocer cómo se retuerce en la caldera.

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