chile al sur, ejercicio de realidad exagerada

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voy en este autobús interprovincial arrastrando a mi madre que ama orinar en los basurales improvisados de la provincia.
chile huele a paja y está rociado de papel higiénico usado. chile está seco, lubricado con vino artesanal. chile está hermoso con su ruralidad despótica, pastizales y alcantarillas a medio hacer. chile está pletórico reescribiendo los surcos mediáticos de su primer bicentenario, celebrado por un coro facho de empresarios y huasos.
chile en realidad no es independiente, pero no importa, porque siguen habiendo tantas muchachas hermosas, a la moda china, zapato reina, piel de marshmallow moreno, ricas y sabrosas piernas y corazón tricolor. cuánto concurso de belleza o festival de verano. cuánto mp3 hambriento del rey del trópico, del rap, del son. chile está llorando alambres de púa violados por vacas desnutridas, chile me está llorando a mí mientras lavo a mano mis calzones sucios, mi desgracia, mi familia 2.0. y yo (dramáticamente) le pongo parches de curita al mapa, me desgrano como un choclo seco, me retuerzo en la tristeza máxima de un colchón mojado. quizás yo le doy a chile arcadas con mi sentimiento de ballena estéril, y entonces decido sacarme el taparrabos, sacarme la cresta (punk), y llorar otro poco aprovechando que hay lluvia y que nada se nota, llorar otro poco para hacer la tierra más infértil, o darle más material a los artesanos, a los bomberos, a los encapuchados.

media hora más el autobús llegó a su destino. varias personas esperan el móvil con paciencia. y cuando el quiltro se levantó ya tenía el alma encadenada al palo.