moda y pueblo

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el taller moda y pueblo, dirigido por diego ramírez, está en la canicería punk. cerca del metro los héroes. santiago de chile. llegamos invitadas, convidadas de piedra. me faltaba hablar de este lugar tan bonito que conocí en santiago. un taller de poesía. la sesión a la que asistimos se trataba de poesía y política, o algo así. faltaban unas 12 horas para el cambio de mando, mi abuela se había muerto hace un rato. hablamos de cuántos santos se habían quebrado con el terremoto. no muchos. leímos unos fragmentos de nicanor parra, lemebel y alguien más que no recuerdo, quizás m. a. cuevas. los textos los leía el mismo diego ramírez mientras tomábamos cerveza en unos vasos plásticos de color fuccia. yo no sabía cómo sería esto de escribir in situ con tantx extrañx, pero la idea siempre me excita. de hecho, creo que es mejor que tener que llevar algo bien hecho y leerlo ante extrañxs. compartir la intimidad de la escritura es puro romanticismo del promiscuo.

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diego puso música. era lluis llach, que entre los libros de fin de verano (richard, eltit, un alto enorme de libros que parecían ruinas desparramadas sobre la mesa) producía un efecto extraño, casi surrealista. tan surrealista como mis circunstancias de ese momento, hace dos horas había cargado el cuerpo muerto de mi abuela encerrado en un ataúd con el único afán de no dejar el féretro en las exclusivas manos de los hombres presentes. los de la funeraria sudaban. mi padre resultaba un poco inútil en su función de ascensorista. yo parecía un fantasma, una aparición para la mitad de mi familia que no sabía que yo podría estar allí. la seriedad es propia de este tipo de momentos. y la carnicería punk, como si en dos horas pudiese cambiar todo. de vitacura a los héroes, de kahlo a kafka, de los andes al mar.

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el texto que escribí tampoco resultó una maravilla, pero eso está claro que no importaba. importa que las puertas estaban abiertas, como mis piernas esta noche.
lo dejo como documento:

vine a santiago por 3 meses. santiago tiene demasiadas letras como para decir chile. me encontré con los estertores de la tierra, campos de concentración convertidos en centros electorales. país marciano decimos los desertores. república cavernícola de chile, dice virna, país de mierda dicen los otros, que suenan todos, el rugido de un estadio en ruinas (otro campo de concentración). un estadio vacío y pobre, con 3 mechas de pasto, seco.
di un paseo por un parque lleno de confores usados, le ayudé a mamá a orinar en un espacio público. ella lo hizo por necesidad.
fuí a un campo roto, no tuve tiempo de coser los hoyos de mis poleras, tengo tantas cosas con hoyos, pero en estos tiempos no se nota. no importa no sentir las piernas, la corrosión del hueso.
me alcanzó justo el tiempo para transportar un cuerpo muerto. nunca me resfrié. a mi novia le digo te amo, a pesar del desastre. al resto le digo, qué desastre. esta tierra está envenenada, me obliga a escribir. esta tierra es tan hermosa, porque la sutileza no existe en ella, y son diásporas de cuchillos, de armas blancas, encendedores vacíos, tristeza de corderos. a mí no me da miedo, soy también el cuchillo, la hoja filosa que rasga los últimos pedacitos de completitud. esto nunca estuvo entero. esto nació roto hace 200 años, y ahora sólo servimos para tener nostalgia de eso que no vimos.

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9 thoughts on “moda y pueblo

  1. escribes cosas que no se pueden escribir de un modo que no se puede escribir.
    eso dicen que se llama ponerle recreación fonética a los pensamientos.
    a mí me resulta seductor y genial.

    menos mal que no era una maravilla, menos mal que estabas despatarrada.

    me hubiera gustado entrar por esa apertura. esa noche, lejos de allí, en esta ciudad que también es una palabra (en la que sí cabe santiago).

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