arqueología del corazón, hoy: hackers

amor_a_los_nerds

Amo a los hombres con grandes celulares, amo a aquellos que son mi fetiche tecnológico, los que podrían sanar mi ordenador virulento, los que no se cansan de leer códigos binarios (aunque no entiendan que están ellos mismos transcritos en código binario y que no pueden evitar empalmarse cuando una mujer es bien hembra, tiene las caderas anchas y los tacones bien puestos…); amo a los que saben descargar películas y programas, los piratas de vocación y de esfuerzo; amo someterme con ingenuidad cínica a los conocimientos informáticos que se yerguen sobre nuestros cuerpos haciéndome sublimar incluso unas faltas de ortografía horrendas (una mala escritura, un ano fruncido). Amo a hombres por chat. Amo a hombres a los que no se les puede amar sino virtualmente. Amo a aquellos que desenvainan con confianza un software precario y lo hacen correr como quien mima a un gato. Amo a los que pierden su tiempo y queman sus ojos ante el fulgor estúpido y la vibración candente del RGB.

Amo como el amo que soy cuando intento ir al cuerpo más allá de tanto barullo informático, y sólo pillo circuitos, y conexiones soldadas con estaño. No sangre, no carne, no jugo. Soy el amo y esos hombres mis soldados de juguete, conectados a mi tarjeta madre mediante un cable USB.

En mi subconsciente digital soy una obra de arte que escupe leche, la leche que penetra a mi propia máquina, mi ordenador, que en este sueño probablemente soy yo misma. Se inunda la escena de un líquido que se mete por todos los agujeros que hay dispersos por ahí (las bocas de mis familiares, las ranuras de la CPU, los tejidos de la ropa que vestimos, penetra todos nuestros cuerpos, ¡ay!). Y yo desespero, fagocito las máquinas y pierdo la mía (mi alter ego), no me encuentro a mi misma o es que estoy bañando todo. Soy una inundación.

Pienso: no debo encender mi ordenador mientras esté mojado. Luego pienso: este interior nunca secará.