ginecología inversa

ginecologia
inspirada por la llopis en estos sentires reflexivos, confirmada por la contingencia (o la paranoia, a ver si se distingue en este caso) he acudido a la institución médica a revisarme una de las porciones más grandes de mí. aprovecho de preguntar todo lo que se me ocurra, al final el cuerpo es mío y si estoy frente a un «experto» debo aprovechar.
sinceramente son más instructivos mis amigos queer dedicados a la ciencia dura, mis socias hijas de médicxs que se han pasado la vida aplastando tetas para hacer mamografías, o simplemente el saber popular, la tradición oral, la mitología. un médico de la seguridad social española «no tiene tiempo para dar explicaciones». digamos que para ellos, no es parte de su trabajo decirme lo que pasa dentro mío, en mis órganos, organismos cosificados por sus X ray, tan suyos que no sé cómo leerlos.
aprovecho también su atención primaria express para decirle que me parece tener garnderella vaginalis y que si me puede dar una medicación que no contenga antibióticos. su primera reacción es descomponer el rostro, para luego decirme que cómo sé que tengo eso (como si yo no viviera con mi coño puesto, como si fuera algo con lo que me comunico por e-mail). le digo que lo huelo, le digo que cuando se tiene coño una sabe lo que va pasando «allí», que con este tipo de cosas basta tenerlas una vez pegadas al cuerpo para (re)conocerlas. me dice que no, que yo no tengo idea ni modo alguno de saber qué es lo que tengo. insisto. una infección urinaria basta tenerla una vez para reconocer cuando vuelve. pues no, debo rociarles el rostro (aunque para eso usa a su asistenta, él ni se molesta en meter sus narices en mi entrepierna so amenaza de que le escupa un chorro de infección purulenta. la asistenta, que ha meneado su cabeza en todo momento con gesto afirmativo sabe que sé lo que me pasa, pero el protocolo se impone, again) con una muestra de mis jugos, debo dejar rastro en su centro de atención primaria, debo ver en diez días a una comadrona que me dirá de ir a pillar un fármaco subvencionado  por el estado a la farmacia más cercana. mis datos en este país (1979, xilena, nacida en alemania, reagrupada familiarmente con un italiano, acusada alguna vez de una pintada reivindicativa por la ley) ahora se incrementan con esto: padece eventualmente de garnderella vaginalis.
si fuera menos obcecada pensaría que mi cuerpo es igual a un envoltorio de caramelos escrito en sánscrito, una cuestión indescifrable y desconocida, un detalle o como mínimo, un problema.
lo siento doctor, además de vivir con mi coño, no me gusta su casa, y ante usted seré siempre una insumisa. este pacto no lo he firmado yo y ante sus recetas me mantendré siempre firme como anormal.

One thought on “ginecología inversa

  1. de la especie médica, la que se dedica a la ginecología y está empleada por el estado, es la especie que más daño nos ha hecho y nos seguirá haciendo.
    es parte fundamental del engranaje de opresión del cuerpo de la mujer, de su lectura dictatorial, de su codificación como enfermo, de su negación como placer…
    en toda mi vida ginecológica, que es bastante larga, sólo recuerdo dos buenas experiencias: una con una comadrona que asistía partos en casa, la otra con una médica que hacía abortos en una clínica privada. aunque la comadrona no consiguió llevar el parto en casa a buen término, y no fui a la médica para que me hiciera un aborto, fueron las únicas dos que me trataron como persona y no como enferma/paciente/estúpida/ignorante/engreída/malolienta/violable/ y toda una serie de adjetivos que no quiero seguir recordando…

    en mi hoguera de purificación arderán de la mano con sus batas blancas mientras les meto pinzas por sus agujeros secos y les grito que no se muevan. «sádica», dirán, y se equivocarán: solo hago una ínfima parte d elo que me hicieron a mí. no soy capaz de tal perversión y, sobre todo, no es mi trabajo

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