new year, old bottles

amigas

todavía tengo las lágrimas de malena pegadas a la cara. llegaron como un sueño a mezclarse con mis sudores. amor, amor jugoso, amor primitivo, indeleble, mezclado con mi baba chorreteando por la almohada. te amo me dijo, lloraba y se fue. dejó su alisador de pelo, dejó un bote de jabón biológico de lavanda, y pensé que era su chaqueta de cuero la mía. después se fue vania, cuando desperté con resacón de mí, de mi sueño, de lo que le balbuceé a las 6 de la mañana, que a pesar de viejas (casi) no teníamos la prisa de nuestras vidas orientadas a la coordinación grupal. llegó tarde, la alcanzamos tarde, le dije. y por primera vez creo que me dijo qué importa, o lo imaginé, a ella diciéndome que algo no importaba, que no tenía importancia nuestra falta de impecabilidad. dormí pensando en que siempre saca su tajada, al menos se va con algo más que chuches ibéricos en la maleta. sus lágrimas hidratan mi cara. vania se fue sin lágrimas porque no es de caballeros llorar en público. me preguntó que dónde nos veríamos la próximas vez y entre las alternativas que me dio elegí istambul. dobló sus cosas 20 minutos antes de partir, una mochila ínfima, sin cables (me debes las fotos golfa, cuélgalas en megaupload), sin ordenador. hoy sentí que mi vida era poco para darles y que mi obstrucción mental no me permitía discernir  suficientemente qué objetos posibles darles. me quedo planchada, con un gusto en la boca que no puedo clasificar porque me quedo resfriada y humilde. este año comienza tan lento y no importa porque no tengo prisa, por ahora.

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