mi pequeño fascismo low-fi: apología a la segregación


creo que la exclusión es una experiencia que pasa por el cuerpo y la subjetividad. pequeña e insignificante a veces, pesada y kármica otras, siempre apenas una experiencia. si las categorías no existieran no habría manera de excluir. o más bien, si la jerarquía de las categorías no existiera, no se le llamaría exclusión porque probablemente sería otra cosa.
pero existen, están aquí cada día tocándonos la piel, o algunas pieles sembradas de granos y pus.
últimamente me ha sorprendido constatar la enorme cantidad de gente que conozco que no ha experienciado la exclusión. es algo «que nunca les ha pasado», por el cuerpo, por la cabeza o por su boquita redonda.
sea por razones de raza, clase, género (un clásico de todos los tiempos), edad, estilo, prácticas sexuales, hábitos alimenticios, pasaporte, estética facial, salud, masa corporal, pelos, por hablar fuerte o simplemente por ideología, la exclusión se vuelve una práctica cotidiana de maltrato social e individual.
y no quiero ser tan simple, menos aquí, como para plantear que sería «guay» (ya hay en mi opinión demasiadas cosas guays esta semana…) un mundo sin exclusiones. lo que reclamo es que todxs tengamos esa experiencia (y muchas otras, mi generosidad no tiene límites…). sin exclusión no hay afinidad. si nunca se te ha sido prohibido un espacio, un encuentro o una práctica colectiva, el mundo será para tí un espacio homogéneo e indiferenciado, donde todo está, trágicamente, bien. una arquitectura perfecta y sin fisuras, una construcción sólida y estable, una casa de ikea, un mac. (justamente los productos de ikea y mac tienen una obsolescencia programada muy temprana, es por decirlo de algún modo la paradoja de lo liso).
me puedo arrepentir mañana de todo esto, decir que mi mente está tan vaga como una lombriz en un desierto y que por eso su comportamiento es errático y a ratos perverso. pero hoy me declaro una abolicionista de la buena vida, de esas vidas buenas y cómodas donde no pasa nada disruptivo, y todo es normal. en el fondo regalarle a otros la experiencia de la exclusión es un gesto bien generoso, aunque parezca mala baba, lo más mala baba sería proteger a alguien de encontrarse con la exclusión que de otra forma nunca hubiese alcanzado a vivir (y también lo hacemos cada día).

(los bots han hecho su trabajo. este blog estuvo infectado y ahora resulta que el tema (la interfaz de siempre) está obsoleta. mientras encuentro una que me guste usaré esta, que parece desconfigurado, pero es así)

tener un orgasmo en el hígado

traducción libre (con mi nivel de inglés igual me he inventado algo) de un fragmento de la performance postpornmodernist de annie sprinkle (the kitchen, ny, sin fecha) que descargué de internet.

hace mucho tiempo los chinos eran capaces de tener orgasmos con distintas partes de su cuerpo. si su hígado estaba mal, podían tener un orgasmo en el hígado.
yo estoy tratando de hacer eso.
sucede lentamente.
he aprendido algunas cosas sobre sexo durante estos años.
el sexo no es sobre cómo los cuerpos se chocan; tiene mucho más que ver con energía.
entendí que soy capaz de crear energía, moverme en el espacio y usarla con distintos propósitos, compartirla con algún compañerx, lanzarla al universo.
me di cuenta que la energía sigue al pensamiento: usando la mente o la intención hacia lo que quieras hacer, puedes mover la energía. si no te has enfocado en la energía cuando estás haciendo el amor, trata de hacerlo la próxima vez, es la bomba…

¿cuáles son las batallas que se dan en mi cuerpo?

cuáles son las batallas que se dan en mi cuerpo. (además de las obvias).
mi cuerpo me habla con lengua llana, desde distintos lugares. mensajes que son discursos, signos, señas, reacciones químicas, deseo. placer y peligro, como diría la carole vance. la comodidad, el dolor, el asco.
a veces quiero ser animal, manifestarme en mi instinto como si fuese la encarnación de la pureza primigenia. y verlo como se erige cual autoridad absoluta del sentir, un fluido único y bien pronunciado, pre-vocal, disidente de la dictadura del lenguaje, insumiso.
sólo me lo impide una pequeña dosis de escepticismo…

madrugando en el sentir


veo las redes sociales para no escribir todo lo que diría, que serían brutalidades, descampados, cosas enormes contenidas en dos segundos o en un gesto. fantasías. veo las redes sociales como un antídoto a la intensidad, todo se diluye en ellas, no hay intimidad. sale de noche un letargo que me pincha, unas frases cuya potencia he olvidado. quiero drogarme contigo, quiero vivir en tu axila, quiero que me vuelvas a apretar tu cinturón al cuello. hemos follado 3 horas y no me has quitado la ropa ¿debo interpretarlo como una señal?. mi amor se diluye en su fantasía, me increpa a robar algo, quisiera ser una cirujana y poder extraer tu corazón. lo guardaría en almíbar, lo protegería del clima nefasto que es el mundo real. y luego, nada. los almacenes del pensamiento son las fábricas que nos explotan cada día, algo así me dices, o lo imagino. tallaré sobre un trozo de mi cuerpo, volveré a coserme otra vez, tengo pensamientos catastróficos, como por ejemplo, dejarme llevar por un impulso que me alejará de todo por llevarme muy adentro de algo que conozco y que no puedo nombrar. el proletariado que hay en mi cuerpo está siendo sometido por el desempleo. acabaré este período oscuro de la razón comiendo conejos tuertos y crudos, con sus pieles haré sombreros que cubran la inmensidad del descampado, disfrazando el vacío de mi lengua torcida, su jubilación. y después, me fumaré un cigarro en señal de paz.

bots rusos, malwares y códigos ofuscados

este blog fue atacado (tal como todas las webs que tengo) por unos bots presuntamente rusos. dicho ataque, para mi sorpresa, permanecía inofensivo e invisible a mis ojos debido al sistema operativo libre y libertario que ostento sin mucha capacidad últimamente. el ataque significó una operación de limpieza muy veloz en la que mi adorado jhonqwerty tuvo que hacer la mayor cantidad de trabajo, aunque tuvo la generosidad de compartir un poco de código conmigo. los bots tenían buenos modales y dejaron su daño en la primera línea. según jhonqwerty era «código ofuscado».
El código ofuscado es inteligible y a veces puede trabajar en contra de la tecnología inversa.
Este lenguaje me parece tan críptico como poético, por eso, y por la citación onírica en una serie de mensajes ocultos, he decidido revisar un draft-post que se origina en uno de los ámbitos ofuscados de mi cerebro, el de la ensoñación, y contextualmente en medio de la ofuscación espacial que es un aeropuerto.

* sueño que dentro de mi caja de las gafas están las tuyas, y el único problema es que son feas. no me importa que tengan otra graduación, no llego a usarlas. una mujer me pide ayuda. fuma y lleva una muleta, camina con dificultad. quiere que le envíe un mensaje a su novio desde mi teléfono. me pregunta si hablo su lengua y le digo que no pero que puedo transcribirla. me dice: escribe que estoy junto a un taxi. me enseña el número para que lo copie, pienso que nunca llegará ese mensaje al destinatario «amore». o que de llegar, nunca encontrará «un taxi».
* michel foucault me habla sobre una escultura muy antigua. pienso que debería hablarme de sus prácticas sadomasoquistas, quiero saber qué drogas consume. mientras me habla veo imágenes de documentales históricos, imágenes de construcciones antiguas grabadas a color. foucault me habla en francés, y yo no le respondo porque no hace falta. desperdicio de encuentro, decido tocarle su cabeza como a un buda o una lámpara mágica hasta que su voz se ralentiza y aparecen drops sobre su cuerpo. michel foucault se está pixelando y el jardín victoriano queda vacío, con apenas 3 pajarillos.
me llega un mensaje al teléfono. dice: ku je jam tek.
en un monitor colgado del techo pasan un video en el que aparezco saltando sobre una cuerda. hay mucha policía aquí. me dan miedo. cada persona que me habla me sobresalta. han triunfado. me habla un chico que me pregunta si vivo aquí y si trabajo actualmente. lo niego sólo con gestos de la cabeza, no abro la boca, comienzo a sudar. siento que me observan pero que si miro de reojo me cogerán. no sé qué he hecho, supongo que nada.
* desde dentro del colchón sale un animal que finalmente es más grande que yo. no es ni un perro, ni un cerdo, ni una ardilla gigante. su cuerpo tiene zonas muy peludas y otras de carne viva, las pezuñas le salen del centro de su estómago que está situado en lo que sería la cabeza. habla por 3 hendiduras que hay en las puntas de sus extremidades y en muchos idiomas. comienza a follarme con fruición por todos los agujeros que tiene mi cuerpo. me pregunta si siento placer. yo no puedo hablar, tengo la boca llena de espuma. me dice que su misión es darme todo el placer del mundo, que está aquí para eso. en realidad no me habla, me transmite pensamiento infuso.
cuando grito me despierto, rompo el vidrio del monitor. se me pixelan las piernas, el coño y todo lo que sigue. hablo en otro idioma por teléfono, no sé lo que digo.