lecturas equívocas

¿es la autora de un texto la responsable de las lecturas (equívocas e inequívocas) que de él se hagan? siempre pensé que no. a pesar que desde el año 2001 ya sostenía con garras y uñas que una producción cultural (llamémosle así a un libro, un video o un artefacto artístico) no estaba concluida en su producción sin la asimilación de ésta por un otro (digamos en su lectura, visión o apreciación).
hay entonces, siguiendo la línea torcida que yo misma he dibujado, una situación de «responsabilidad compartida» (así rotulaba la televisión chilena a los contenidos que emitía, como forma de no cargar con toda la «culpa», con toda la responsabilidad que significaba el emitir a través de un medio sin «llaves de seguridad» un contenido presuntamente impropio) que implica en la constitución de algo su asimilación y por ende una entidad que es flexible e indeterminada y que excede como mínimo a su productora, aunque de alguna forma está vinculada a ella. es como una entidad nueva formadas por agentes que no se conocen entre sí.
cuando teresa de lauretis se lamenta de que su (en principio) revolucionario término «teoría queer» se haya institucionalizado de forma impropia, algo que tenía por objetivo la ruptura total; o cuando judith butler prácticamente se retracta de haber utilizado en un párrafo la figura del drag king para ejemplificar la noción de performatividad, al darse cuenta que una masa que crece potencialmente con cada traducción de su texto define de forma reduccionista la performatividad a través de esta figura, entonces… entonces las veo a ellas algo agobiadas por reencauzar su producción, justo en ese posible punto de fuga que es la asimilación. algo que ellas, a pesar de su cerebro, no logran controlar ni con los más amplios ejercicios de fuerza mental.
fantaseo con una escala evaluativa (y perversa como cualquier estadística) en la que se cuantifiquen las lecturas equívocas de los textos.
¿cómo se puede «blindar» un texto? ¿cómo aprehender el camino que hace lo que sacas afuera, cuando ya no es tuyo?
improbable, imposible y del todo inconducente sería el esfuerzo.
no hay que desconocer la revolución que nace del error. habría más bien que recurrir a este mismo error para abrir las potencialidades de lo que dejó de ser nuestro. pero foucault ya está muerto. y la butler no lee los blogs del activismo hispanohablante. y hay barreras infranqueables entre lo suyo y lo ¿nuestro? que operan como blindajes, como carcasas, como ratoneras. de todas formas, y con más de doce años de distancia, sigo pensando que un libro no es libro hasta que no le hayan comido las esquinas a muchas de sus fotocopias.

#11deseptiembre

hoy el 11 de septiembre es un hashtag. hace 3 años no sabía que existiría algo así. un hashtag es una etiqueta, una cadena de caracteres precedidos por una almohadilla, es una etiqueta de metadatos. los metadatos son algo que está más allá de la información, datos sobre datos. el 11 de septiembre es un dato sobre el 11 de septiembre.
1109 sentimientos debilitados por la distancia. «la ciudad está sitiada» me dijo por e-mail. 3711kbps de esa historia que es mía y nuestra y que ahora mismo está siendo secuestrada por la mediación de internet. las bajas de tensión eléctrica afectan la estabilidad de la red y los plug-ins que usan los canales de televisión chilenos son incompatibles con mi interfaz. no va bien. una recepción intervenida por la precariedad de la red, por la distancia tecnológica y sobre todo, por la distancia física y social. estos momentos rituales, aunque no del todo dramáticos, sí le otorgan un componente partido a la subjetividad, a la mía, quiero decir a la nuestra, o a la que ahora está siendo secuestrada por un espacio vacío. un fragmento del cuerpo, está en la esquina de santa rosa con alameda envuelto en un paño, encapuchado. ese cuerpo es un brazo que viste una camisa azul marino, la muñeca, que es el cuello, deja ver un pequeño botón blanco en el puño. la cabeza es un dedo pulgar ecapuchado con un trozo de sábana. un fragmento de mi yo en santiago sin saber lo que está pasando a su alrededor. otra parte del yo está situada en un lugar donde nada es 11 de septiembre, a ratos un comentario sobre la diada, sobre las torres gemelas, sobre pinochet. no hay distinción entre uno y otro, hay leves niveles de proximidad, mediática y blanda.

entonces pongo a violeta parra en youtube, escucho victor jara, actualizo la nostalgia (una playlist o un rasgo heredado a través de un cromosoma traumatizado), los prisioneros de los primeros años 80. no sé buscar en internet. me abrazo al hashtag etc etc etc supongo acción refleja. aparentemente televisión nacional retransmite las emisiones del 11 de septiembre de 1973 oliendo a lacrimógena, buscando a la hermana chica. ella me pone líquidos especiales junto a cada mucosa de mi cuerpo para evitar el efecto del gas. la playlist acaba con florcita motuda, no logro ver la televisión. opto por capítulos sueltos en youtube y no sentirme tan sola durante 40 años, aunque tenga 34.